Capitulo Ocho
La galería Artemus
estaba en una calle tranquila en la que una vez había sido la parte industrial
de la ciudad. Al pasar varios años los escaparates vacíos habían sido
transformados en un cielo de la moda para los crecientes artistas comunitarios
de Glendale. Una vez los artistas llegaron, el área había ido de un barrio de
baja renta para convertirse en lo más buscado luego del estado real en todo
Glendale.
La galería Armando
estaba en la calle Seaborn, la calle más opulenta en el distrito del arte. La
galería en la que mi madre trabajaba estaba un par de calles más arriba, por lo
que sabíamos qué clase de renta ellos debían estar pagando. La misma galería
tenía rígidas paredes blancas, brillantes suelos de madera dura, suave, iluminación
ovalada, y bancos de gamuza achocolatados que le daban una sensación de
elegancia. Armando era un hombre con gustos. Cuando llegamos, la galería ya
estaba zumbando con hombres y mujeres vestidos elegantemente, sorbiendo
champaña y charlando en la clase de tonos silenciosos que los hacían parecer
importantes a todos.
“Oh mi. Me siento un
poco mal vestida” Suze susurro mientras nos apretábamos dentro.
“¿Estas bromeando? Te
ves increíble” Ella estaba usando un simple vestido negro con tirantes de
espagueti y sandalias con los dedos abiertos con un pequeño tacón con
tachuelas. Su cabello estaba bajo alrededor de sus hombros remarcando sus ojos
azules. Ella realmente lucia increíble. Yo, del otro lado, estaba usando la
chaqueta de retazos que había obtenido por mi cumpleaños, mis jeans favoritos,
y botas cafés, perfectas para una abertura de arte- si hubiese sido en mi
escuela. Pero aquí, entre los elegantes, yo era la que estaba mal vestida.
“Suze, Mega. Allí
están” la voz de terciopelo de Armando sonó en algún lugar entre la multitud.
De pronto el estaba a nuestro lado, usando un traje negro y una camisa blanca
almidonada, su cabello negro brillando, sus ojos centelleantes. El estaba
increíble como de costumbre.
“Estaba esperando que
vinieras” el dijo dulcemente a mi madre.
“Detente” Ella se
estaba sonrojando.
“Soy serio. No he
estado pensando en nada más que en ti.”
Que montón de
tonterías, pensé. El tenia su gran apretura de arte, rodeado por todas estas
ricas, hermosas personas y el está pensando en mi madre. ¡Sí, claro! Me
pregunte si ella estaba riendo tan fuerte en su interior como yo lo estaba. La
mire. Ella aun se estaba sonrojando.
“¡Oh, Mando!” ella
exclamo, dándole un empujón juguetón. ¿Mando? ¡Desde cuando se había convertido
en Mando?”
“Tengo que presentarte
alrededor” el dijo, tomando su mano. “Tienes que conocerlos a todos” se volteo
hacia mí. “Estarás bien sin ella por unos cuantos minutos, ¿no es así?” El
estaba dejando claro que yo no estaba invitada a conocer a nadie.
“Si, umm claro”
respondí. Fui atrapada con al guardia baja, pero para ser sincera, la ultima
cosa que quería era ser arrastrada alrededor conociendo aburridos, de mirada
estrecha, sobre los treinta, del tipo que trata demasiado para ser artistas (1)
. “Disfruten” agregue.
“De verdad, cariño.
¿Vas a estar bien?” Suze pregunto, sus ojos traicionando el hecho de que
obviamente ella quería ir.
“Si, por supuesto. Yo-”
y antes de que pudiera formar otra palabra, armando se la había llevado lejos.
Fueron tragados por la multitud instantáneamente
Tome una copa de
champaña de la bandeja de un mesero que pasaba. Hey, nadie dijo que yo no podía
beber. Además, no soy la conductora designada. Eso es probablemente porque
tengo quince y aun no tengo mi licencia, pero eso no viene al caso. No tome la
champaña para beberla. Tome la champaña porque necesitaba algo que me ayudara a
parecer interesante y suave (2).
Obviamente, mi chaqueta de retazos no estaba haciendo el truco.
Comencé a pasear
alrededor, observando el arte, pero no podía mantener mi mente lejos de la
forma en que mi madre le había dicho Mando. Sonó como si ellos, de alguna
manera, se hubieran convertido en amigos. ¿Pero como? ¿Cuándo?
Ella no había ido en
una cita con el, estaba segura de eso. Ella no se había colado fuera en la
mitad de la noche por una cita tardía. Aun así, tenia la furtiva sensación de
que mi madre estaba viendo a Armando a mis espaldas. Vague alrededor sin rumbo,
mis ojos itinerando sobre las pinturas y esculturas. No vi ninguna de ellas.
Estaba demasiado ocupada construyendo los escenarios imaginarios de mi madre
escapándose para estar con Armando. Y sabía que dije que los padres deberían
escaparse a escondidas a las espaldas de sus hijos. Pero no con apuestos
mujeriegos que podrían robar sus corazones, dejándolos de pronto y secos para
que sus pobres hijas recogieran las cascaras del suelo.
“Oh, Mando, eres
terrible” La voz de mi madre me sacudió de regreso al presente.
Levante la mirada y los
vi a través de la habitación en un grupo de hermosos amantes del arte. Su mano
descansaba cómodamente en el hombro de armando, y una de las manos de el
cepillaba contra la cadera de ella. Ella estaba sonriendo. Creo nunca recordar
ver a mi madre sonreír de esa manera antes. Era una cálida, satisfecha sonrisa
que me asusto. Creo que estaba asustada porque ella parecía tan… feliz. Ahora,
no me malinterpreten, quiero que mi madre sea feliz. Lo quiero. Tú sabes, la
clase de felicidad como cuando yo estaba en tercer grado e hice una carta del Día
de la madre con cartulinas y Fruit Loops (3). La sonrisa en su cara en ese
entonces era preciosa. Esa era la clase de felicidad que yo podía manejar. Pero
esto… esto era una felicidad de la que yo no podía ser parte. ¿Qué estaba
ocurriendo aquí? Todo el asunto no estaba teniendo sentido. Armando estaba
actuando como si el estuviese interesado en ella. ¿Acaso el piensa que ella es
una viuda rica sentada en la fortuna de su marido muerto? ¡Bingo! Eso tenía que
ser. Armando era un gigoló que había marcado a mi madre como alguna rica,
solitaria viuda. Era un pensamiento loco, lo sé. Estaba en el proceso de
decirme a mi misma justo eso cuando la débil fragancia de incienso se coló
dentro. Un escalofrió me recorrió. Era el mismo incienso de mi habitación esa
noche. Tenía la horripilante sensación de estar siendo observada. Eso es tonto.
¿Quien estaría observándome? Casualmente, comencé a mirar alrededor,
pretendiendo admirar el arte, mientras escaneaba secretamente la multitud.
Estaba a punto de rendirme cuando la vi, una mujer mayor. Su piel pálida estaba
marcada por un camino de profundas arrugas, su una vez negro azabache cabello rallado
con gris. Ella usaba una toga negra demasiado grande que me recordaba a alguien
en una película de horror. Ella lucia tan fuera de lugar como yo lo hacia. Y su
mirada era tan intensa. Mi piel comenzó a transpirar mientras me daba cuenta de
que la mujer anciana no me estaba mirando a mí. Sus ojos estaban fijos en mi
madre. Me encontré a mi misma corriendo a través del suelo, llegando al lado de
mi madre.
“Oye mama, ummm-”
“Esta debe ser la hija
de la que tu has estado fanfarroneando toda la velada” un hombre en el grupo
dijo. “Ella luce justo como tu”.
“Si” mi madre dijo
orgullosamente. “Megan, conoce a Sir Bradford Romanoff”
“Oh, hola” dije,
sacudiendo rápidamente la mano del hombre.
Luego, me volví para
encontrar la mirada de la mujer anciana que había estado mirando tan fuerte.
Le iba a dejar saber que la había visto.
Pero ella se había ido. Rápidamente, escanee la multitud buscándola.
“Mega, cariño, ¿esta
todo bien’” Armando pregunto, su voz goteando preocupación.
“Si” dije “Todo bien”
Continúe recorriendo a
los asistentes a la fiesta, buscando a la vieja mujer, pero ella no estaba por
ninguna parte. El resto de la velad fue un borrón. Sabía que no me la había
imaginado. Había una extraña vieja mujer mirando fijamente a mi madre. Yo no
sabia porque, pero sentí como que tenia algo que ver con el sueño.
(1)
En el original artsy-fartsy: tratando demasiado duro
para ser artístico, un interés demasiado fuerte en aparentar para ser
estéticamente correcto. (Diccionario urbano)
(2)
Español original.
(3)
Tipo de cereal.
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