martes, 13 de noviembre de 2012

Losing Lila


Capitulo 3
Segunda Parte

El que estaba junto a él tenía un tatuaje floreciendo de su pecho y retorciéndose alrededor de su cuello de una serpiente enroscándose alrededor de una desnuda mujer con grandes pechos. El tercer hombre, el que había estado palmeando a Alex- era una solida montaña de músculos. Tomaría un ariete solo para llegar a través de el, sin importar la puerta. Me incline cercas de Alex instintivamente mientras mis ojos finalmente encendieran al cuarto hombre.
El estaba sentado detrás de una mesa en el fondo de la habitación. El era más viejo que los otros, su cabello afeitado al cero, y tenía una navaja afilada, pómulos debajo de los ojos hundidos y oscuros como pozos. Su polera estaba abierta hasta el ombligo y un largo crucifijo colocaba contra su pecho tatuado. No lucia exactamente como Tony Soprano, pero el esa, sin dudarlo, lo que mi padre llamaría “de la persuasión criminal”
El definitivamente podría haber pasado por un jefe de la mafia. O un psicópata asesino. Cualquiera de ellos. Alex tomo un pequeño paso adelante, como si de alguna manera pudieres bloquearme de la mirada sin pestañear del hombre que parecía serpiente.
“¿Americanos?” el hombre pregunto, mirándome directamente a mi.
“Si” Alex respondió.
“He escuchado que estas buscando algo” sus ojos viajaron lentamente a Alex, estrechándose como pequeños puntos.
“Si” Alex dijo nuevamente, manteniendo su voz nivelada. “Me han dicho que tu eres el hombre al que preguntarle”
“Puedo serlo” dijo el hombre, frotando su mano sobre su mentón sin afeitar. “Depende de quien esta preguntando. Y cuanto están pagando. ¿Bebida?” el dijo, cabeceando hacia la botella sin marcar que se encontraba frente a el sobre la mesa.
“Seguro” respondió Alex
Vi su cabeza girar mientras el estudiaba la habitación - ¿Estaba evaluando nuestras salidas? ¿O las posibilidades de nosotros de salir vivos? No podía decirlo, pero estaba comenzando a cuestionar su juicio al traernos aquí, y más particularmente, la sabiduría de beber lo que fuese que hubiese en esa botella- lucía como que un arrugado gusano estaba flotando en el fondo de ella.
Finalmente, Alex camino hacia la mesa y yo lo seguí, sentándome en la silla junto a el, extremadamente consciente de los tres hombres justo tras de nosotros. Ellos estaban todos armados- dos con armas, uno con un cuchillo del tamaño de una espada. Nuestra salida estaba bloqueada. Había solo otra puerta, directamente detrás del escritorio, pero estaba cerrada y posiblemente con seguro.      La habitación donde estábamos claramente era donde los tratos se llevaban a cabo. No estaba segura que clase de tratos, pero por los trozos de papel aluminio y las escalas para pesar puestas en la mesa frente a nosotros, no era demasiado difícil de adivinar. Mi pie comenzó a tamborilear y descanse mi mano en muslo para tratar de mantenerlo quieto.
El hombre sirvió, lo que fuese que había en la botella, en tres manchados vasos de cortitos. El empujo uno sobre la mesa hacia mi.  Yo mire a Alex.
Sus ojos estaban fijos en el hombre y, a pesar de que su cara estaba impasible como siempre, pude sentir la tensión en su cuerpo. Lo podía ver también- en la recta línea de su mandíbula, el conjunto de su boca y el bulto de tendones en su antebrazo, descansando casualmente sobre la mesa. “Salud” (1) el hombre dijo, bebiendo el liquido y golpeando su vaso contra la mesa. Sus ojos nunca dejaron mi cara y pude sentir mi piel comenzando a hormiguear como si hormigas de fuego estuviesen comiéndose mi cuello. Alex tomo su vaso cortito y se lo bebió de un trago sin quitar sus ojos del hombre.


“¿Y usted?” el hombre preguntó, cabeceando a mi vaso sin tocar. “¿Cuál es su nombre, Señorita (2)?
“Lila” dije, enviando una indecisa mirada hacia Alex, preguntándome si debería haber dado mi nombre real.
“¿No vas a beberte tu trago, Lila?” el hombre pregunto, cabeceando su cabeza hacia mi casi rebosante vaso.
¿Cuál era la etiqueta aquí? “Um, no estoy sedienta” me aventure.
“Yo creo que deberías beber” el hombre dijo.
Era una orden. Por un segundo pensé desobedecerla, pero luego recordé a los tres hombres detrás de mí por lo que levante el vaso e incline lo que fuese que tenia dentro y abajo por mi garganta. ¡Quema, quema! Escupí y tosí. Alex comenzó a darme fuertes palmadas entre las paletas de mis hombros.
El hombre se rio mientras yo trataba de respirar a través de los vapores que llenaban mi boca y nariz. “Mi nombre es Carlos” dijo.
Genial- estaba en términos de primer nombre y bebiendo Tequila con un jefe de la mafia. Mi padre estaría extático.
“Asique, ¿ustedes quieren papeles? ¿Pasaportes?”
“Si” dijo Alex
Carlos gruño. Luego el se volvió hacia mi. “¿Estas huyendo de algo, Lila?”
Sostuve su mirada. “Ya no mas” respondí. Su expresión mostro un instante de perplejidad antes de que sus ojos sin vida regresaran.
“Diez mil dólares americanos” Carlos le dijo a Alex. “Tu pagas ahora”
“La mitad ahora, la mitad cuando lo recibamos” Alex contraataco.
Carlos lo evaluó lentamente mientras yo me sentaba ahí, agarrando el asiento, deseando que Alex solo sacara su billetera y lo pagase todo para que pudiésemos irnos con todas nuestras partes del cuerpo aun unidas.
Carlos finalmente rio bajo su aliento. “Para ser un gringo (3) tienes bolas. De acuerdo, sí, la mitad ahora la mitad mas tarde” El encendió un cigarrillo, sus ojos cayendo nuevamente en mi mientras el soltaba una larga bocanada de humo.
“¿Cuánto tiempo?” Alex pregunto.
“Asumo que quieren la entrega exprés- asique digamos veinticuatro horas. ¿Tienen fotos? Nombres, ustedes no llegan a elegir. Ustedes obtienen lo que les damos, lo que tenemos en reserve, pero van a ser pasaportes Americanos. Realmente lindos. No tendrán ningún problema”
Alex alcanzo dentro de su bolsillo trasero y saco un sobre. Tenia fotos de pasaporte de ambos dentro, tomadas solo un par de horas atrás en una estación de metro. El conto los cinco mil dólares y los coloco sobre la mesa. Carlos reviso que todo estuviese allí. Luego le dijo algo a uno de sus hombres, el que tenia el tatuaje de la mujer desnuda retorciéndose con una serpiente tatuada en su pecho, y el vino y tomo el dinero y las fotografías y desapareció a través de la puerta interior.
“Se los entregaremos mañana”
“A la medianoche, en el McDonalds cerca de la Catedral” dijo Alex, poniéndose de pie y empujando atrás su silla. Lo seguí convenientemente, enviando miradas nerviosas a la puerta interior- ¿Cómo podíamos saber que ellos realmente lo harían y no solo se quedarían con el dinero? Realmente no quería tener que regresar y pedirles que nos regresen nuestros cinco mil dólares.
“¿No te vas a quedar?” Carlos me pregunto “Ten otro trago”
“No, estamos bien gracias.” Respondí, tomando la mano de Alex y acercándome de regreso a través de la puerta. “Deberíamos irnos”
“Ok, Ok, ya veo que ustedes tienen una cosa. Eres un hombre afortunado, Sr. Americano”

Alex no dijo nada. Me volteé hacia la puerta. El hombre que lucia como un dislocado cerdo gigante estaba quitándole el cerrojo- lentamente. El otro hombre le dijo algo a Carlos en español y Alex apretó el agarre de mi mano mientras me tiraba mas cerca suyo, sus ojos plantados fijamente en la puerta, que aun no había sido abierta. 
Un dura risa estallo en mi oído y un olor apestoso cubrió mi cara. Grite mientras una mano grande me atrapaba por atrás, dedos apretando mi cintura, tratando de liberarme del agarre de Alex. Alex grito algo y a la distancia oí el raspado del metal, pero antes de que alguien pudiese hacer un movimiento, yo había volteado al tipo con el tatuaje de serpiente fuera de mi y lo había enviado al otro lado de la habitación. El fue chocando en contra de la pared mas alejada primero, luego desplomándose en el suelo. El gruño y rodo de lado, agarrando su cabeza en sus manos, sangre corriendo a través de los huecos de sus dedos.
Uh-oh. No podía encontrar los ojos de Alex. No estaba segura de si el estaba de acuerdo con que lo que había ocurrido, había constituido algo absolutamente necesario.
En ves de eso, me voltee hacia Carlos. El me estaba mirando, sin parpadear, su vaso de tequila colgando precariamente de su mano.
“Por favor dile a tu amigo que se aparte del camino” dije indicando al hombre enorme detrás de nosotros que estaba custodiando la puerta. “No quiero herirle”
Carlos me estudio por un momento y la habitación se sintió  totalmente silenciosa. Incluso el hombre en el suelo dejo de quejarse. Entonces Carlos tiro su cabeza hacia atrás y comenzó a reír como un hombre loco, sus puños golpeando la mesa.
“¿Quieres un trabajo?” me pregunto cuando finalmente se recobro y limpio las lagrimas de sus ojos.
Calcule mi respuesta cuidadosamente. “No gracias”
El cambio su mirada a Alex. “Ya veo porque la trajiste aquí” dijo, asintiendo con aprobación “Ella es una buena guardaespaldas”
“Si” dijo Alex, sonriendo apretadamente “Ella es bastante ninja. Tu no quieres sacar su lado malo”
(1), (2), (3): Originalmente en español. 

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