Capitulo
3
Segunda Parte
El que estaba junto a él tenía un tatuaje floreciendo de su pecho y
retorciéndose alrededor de su cuello de una serpiente enroscándose alrededor de
una desnuda mujer con grandes pechos. El tercer hombre, el que había estado
palmeando a Alex- era una solida montaña de músculos. Tomaría un ariete solo
para llegar a través de el, sin importar la puerta. Me incline cercas de Alex
instintivamente mientras mis ojos finalmente encendieran al cuarto hombre.
El estaba sentado detrás de una mesa en el fondo de la habitación. El
era más viejo que los otros, su cabello afeitado al cero, y tenía una navaja
afilada, pómulos debajo de los ojos hundidos y oscuros como pozos. Su polera
estaba abierta hasta el ombligo y un largo crucifijo colocaba contra su pecho
tatuado. No lucia exactamente como Tony Soprano, pero el esa, sin dudarlo, lo
que mi padre llamaría “de la persuasión
criminal”
El definitivamente podría haber pasado por un jefe de la mafia. O un
psicópata asesino. Cualquiera de ellos. Alex tomo un pequeño paso adelante,
como si de alguna manera pudieres bloquearme de la mirada sin pestañear del
hombre que parecía serpiente.
“¿Americanos?” el hombre pregunto, mirándome directamente a mi.
“Si” Alex respondió.
“He escuchado que estas buscando algo” sus ojos viajaron lentamente a
Alex, estrechándose como pequeños puntos.
“Si” Alex dijo nuevamente, manteniendo su voz nivelada. “Me han dicho
que tu eres el hombre al que preguntarle”
“Puedo serlo” dijo el hombre, frotando su mano sobre su mentón sin
afeitar. “Depende de quien esta preguntando. Y cuanto están pagando. ¿Bebida?”
el dijo, cabeceando hacia la botella sin marcar que se encontraba frente a el
sobre la mesa.
“Seguro” respondió Alex
Vi su cabeza girar mientras el estudiaba la habitación - ¿Estaba
evaluando nuestras salidas? ¿O las posibilidades de nosotros de salir vivos? No
podía decirlo, pero estaba comenzando a cuestionar su juicio al traernos aquí,
y más particularmente, la sabiduría de beber lo que fuese que hubiese en esa
botella- lucía como que un arrugado gusano estaba flotando en el fondo de ella.
Finalmente, Alex camino hacia la mesa y yo lo seguí, sentándome en la
silla junto a el, extremadamente consciente de los tres hombres justo tras de
nosotros. Ellos estaban todos armados- dos con armas, uno con un cuchillo del
tamaño de una espada. Nuestra salida estaba bloqueada. Había solo otra puerta,
directamente detrás del escritorio, pero estaba cerrada y posiblemente con
seguro. La habitación donde estábamos
claramente era donde los tratos se llevaban a cabo. No estaba segura que clase
de tratos, pero por los trozos de papel aluminio y las escalas para pesar
puestas en la mesa frente a nosotros, no era demasiado difícil de adivinar. Mi pie
comenzó a tamborilear y descanse mi mano en muslo para tratar de mantenerlo
quieto.
El hombre sirvió, lo que fuese que había en la
botella, en tres manchados vasos de cortitos. El empujo uno sobre la mesa hacia
mi. Yo mire a Alex.
Sus ojos estaban fijos en el hombre y, a pesar de que
su cara estaba impasible como siempre, pude sentir la tensión en su cuerpo. Lo
podía ver también- en la recta línea de su mandíbula, el conjunto de su boca y
el bulto de tendones en su antebrazo, descansando casualmente sobre la mesa.
“Salud” (1) el hombre dijo, bebiendo el liquido y golpeando su vaso contra la
mesa. Sus ojos nunca dejaron mi cara y pude sentir mi piel comenzando a
hormiguear como si hormigas de fuego estuviesen comiéndose mi cuello. Alex tomo
su vaso cortito y se lo bebió de un trago sin quitar sus ojos del hombre.
“¿Y usted?” el hombre preguntó, cabeceando a mi vaso sin tocar. “¿Cuál
es su nombre, Señorita (2)?
“Lila” dije, enviando una indecisa mirada hacia Alex, preguntándome si
debería haber dado mi nombre real.
“¿No vas a beberte tu trago, Lila?” el hombre pregunto, cabeceando su
cabeza hacia mi casi rebosante vaso.
¿Cuál era la etiqueta aquí? “Um, no estoy sedienta” me aventure.
“Yo creo que deberías beber” el hombre dijo.
Era una orden. Por un segundo pensé desobedecerla, pero luego recordé a
los tres hombres detrás de mí por lo que levante el vaso e incline lo que fuese
que tenia dentro y abajo por mi garganta.
¡Quema, quema! Escupí y tosí. Alex comenzó a darme fuertes palmadas entre
las paletas de mis hombros.
El hombre se rio mientras yo trataba de respirar a través de los vapores
que llenaban mi boca y nariz. “Mi nombre es Carlos” dijo.
Genial- estaba en términos de primer nombre y bebiendo Tequila con un
jefe de la mafia. Mi padre estaría extático.
“Asique, ¿ustedes quieren papeles? ¿Pasaportes?”
“Si” dijo Alex
Carlos gruño. Luego el se volvió hacia mi. “¿Estas huyendo de algo,
Lila?”
Sostuve su mirada. “Ya no mas” respondí. Su expresión mostro un instante
de perplejidad antes de que sus ojos sin vida regresaran.
“Diez mil dólares americanos” Carlos le dijo a Alex. “Tu pagas ahora”
“La mitad ahora, la mitad cuando lo recibamos” Alex contraataco.
Carlos lo evaluó lentamente mientras yo me sentaba ahí, agarrando el
asiento, deseando que Alex solo sacara su billetera y lo pagase todo para que
pudiésemos irnos con todas nuestras partes del cuerpo aun unidas.
Carlos finalmente rio bajo su aliento. “Para ser un gringo (3) tienes bolas. De acuerdo, sí, la mitad ahora la mitad
mas tarde” El encendió un cigarrillo, sus ojos cayendo nuevamente en mi
mientras el soltaba una larga bocanada de humo.
“¿Cuánto tiempo?” Alex pregunto.
“Asumo que quieren la entrega exprés- asique digamos veinticuatro horas.
¿Tienen fotos? Nombres, ustedes no llegan a elegir. Ustedes obtienen lo que les
damos, lo que tenemos en reserve, pero van a ser pasaportes Americanos.
Realmente lindos. No tendrán ningún problema”
Alex alcanzo dentro de su bolsillo trasero y saco un sobre. Tenia fotos
de pasaporte de ambos dentro, tomadas solo un par de horas atrás en una
estación de metro. El conto los cinco mil dólares y los coloco sobre la mesa.
Carlos reviso que todo estuviese allí. Luego le dijo algo a uno de sus hombres,
el que tenia el tatuaje de la mujer desnuda retorciéndose con una serpiente
tatuada en su pecho, y el vino y tomo el dinero y las fotografías y desapareció
a través de la puerta interior.
“Se los entregaremos mañana”
“A la medianoche, en el McDonalds cerca de la Catedral” dijo Alex,
poniéndose de pie y empujando atrás su silla. Lo seguí convenientemente, enviando
miradas nerviosas a la puerta interior- ¿Cómo podíamos saber que ellos
realmente lo harían y no solo se quedarían con el dinero? Realmente no quería
tener que regresar y pedirles que nos regresen nuestros cinco mil dólares.
“¿No te vas a quedar?” Carlos me pregunto “Ten otro trago”
“No, estamos bien gracias.” Respondí, tomando la mano de Alex y
acercándome de regreso a través de la puerta. “Deberíamos irnos”
“Ok, Ok, ya veo que ustedes tienen una cosa. Eres un hombre afortunado,
Sr. Americano”
Alex no dijo nada. Me volteé hacia la puerta. El hombre que lucia como
un dislocado cerdo gigante estaba quitándole el cerrojo- lentamente. El otro
hombre le dijo algo a Carlos en español y Alex apretó el agarre de mi mano
mientras me tiraba mas cerca suyo, sus ojos plantados fijamente en la puerta,
que aun no había sido abierta.
Un dura risa estallo en mi oído y un olor apestoso cubrió mi cara. Grite
mientras una mano grande me atrapaba por atrás, dedos apretando mi cintura,
tratando de liberarme del agarre de Alex. Alex grito algo y a la distancia oí
el raspado del metal, pero antes de que alguien pudiese hacer un movimiento, yo
había volteado al tipo con el tatuaje de serpiente fuera de mi y lo había
enviado al otro lado de la habitación. El fue chocando en contra de la pared
mas alejada primero, luego desplomándose en el suelo. El gruño y rodo de lado,
agarrando su cabeza en sus manos, sangre corriendo a través de los huecos de
sus dedos.
Uh-oh. No podía encontrar los ojos de Alex. No estaba segura de si el
estaba de acuerdo con que lo que había ocurrido, había constituido algo
absolutamente necesario.
En ves de eso, me voltee hacia Carlos. El me estaba mirando, sin parpadear,
su vaso de tequila colgando precariamente de su mano.
“Por favor dile a tu amigo que se aparte del camino” dije indicando al
hombre enorme detrás de nosotros que estaba custodiando la puerta. “No quiero
herirle”
Carlos me estudio por un momento y la habitación se sintió totalmente silenciosa. Incluso el hombre en
el suelo dejo de quejarse. Entonces Carlos tiro su cabeza hacia atrás y comenzó
a reír como un hombre loco, sus puños golpeando la mesa.
“¿Quieres un trabajo?” me pregunto cuando finalmente se recobro y limpio
las lagrimas de sus ojos.
Calcule mi respuesta cuidadosamente. “No gracias”
El cambio su mirada a Alex. “Ya veo porque la trajiste aquí” dijo,
asintiendo con aprobación “Ella es una buena guardaespaldas”
“Si” dijo Alex, sonriendo apretadamente “Ella es bastante ninja. Tu no
quieres sacar su lado malo”
(1), (2), (3): Originalmente en español.
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